dimanche 30 novembre 2008

dimanche 6 juillet 2008

Una semana

Tendría que existir una herramienta de golpe.miraba la película en paz hasta que irrumpió en la habitación. encendió la tele con el volumen que lo caracteriza.
Se iban todos al cine, pero no sé qué pasó. Parece que el boludo esta mal y no sé qué. anduvo por la clínica (ni siquiera reconoce su angustia) y luego con su, ahora viuda, madre.Comprendo que sea duro, sé que es duro, pero que sé yo.Lo del paseo hasta lo lanzó él, para eso no hubiese dicho nada.Y se le pregunta cómo está y dice "bien" y pone cara de pobrecito. Obvio que el humor general ya es malísimo. No se puede decir nada (mariconea). Yo ya le hubiese dado un par de sopapos.
Se chorea medio queso de la heladera y se siente sorete mientras el resto cocina, lava platos y pone la mesa.
Y sí, es un boludo.
Desagradable, pelotudo.
Fantasía de ser el trabajador y que vivir un montón de años es la Meca de la ciencia: la inmortalidad el punto cúlmine de la humanidad. ¿Él? Chocho.
No parece tener mucha idea de nada. Si hubiese aprendido algo de aquél, de quién colaboraba cortando las papas fritas y cuando vio que todo ya no tenía sentido, que sus poemas ya no se escribían más, que la historia ya en papeles amarillos no respondían, sentenció su final y supo que no iba más.
La agonía que estiró un respirador por suerte no la sintió. Su cuerpo tranquilo, lento, en paz, dando conversación a quién se acerque, se despidió.Una semana.

samedi 5 juillet 2008

¿Qué pasó con el gallo?

erre: acercamiento a la escritura de Martín Caparrós

“Un invento, una abstracción: la forma de suponer que todo lo que voy a cruzarme de ahora en más conforma una unidad”

“Si es por buscar, mejor que busques -solía decirme- lo que nunca perdiste. (…) Yo sé que debería buscar algo; debería encontrar primero qué: puede ser largo”.
Nunca el primer paso de nada es la investigación; para llegar a una investigación ya hay que saber qué investigar: puede ser largo. Prepararse y postular un concepto que, de alguna manera, ayude al arranque. Conocer; tener datos: posibilidad de articular y concretar, de mejor manera, un relato.

Martín Caparrós es un señor de unos cincuenta y algo -aunque se le podría dar cuarenta y pico- que no suele usar aquellas finas continuaciones de la piel de raíz ubicada en un folículo piloso con un tallo que se proyecta hacia arriba por encima de la superficie de la epidermis[1]. De bigote particular y formas particulares, encara un viaje: un recorrido en busca de un algo que no sabe bien qué es -yo tampoco- que denomina “crónica”. Sí, crónica.

“Llevo días y días en la ruta. Me parece -de pronto me parece- que la mugre me hace mirar distinto”. Se complica. La investigación queda atrás y acompaña, hace piso: años de vivir en el mundo. Salir. Salir al papel. Sin duda existe un pensamiento; alguna especie de sentido común que indica qué es una crónica: de alguna manera, un relato periodístico que sostiene una cronología mientras profundiza en algo. Claro, estas cosas son deformes; marcos que no delimitan nada: marcos a romper. Recursos, ¿cuáles son los límites del género?

La crónica es algo, como todo objeto de pensamiento, que se esconde, que se escapa. Quizás resulte evidente, y eso la hace más compleja. Es particular, y parece poder llegar a obsesionar algunas almas -como la de Caparrós- que parecen perseguir alguna propia, o una que logre dar cuenta de todo aquello que mueve el pensamiento y los otros “no sé qué”.

Buena parte de la crónica son sus elementos: Transiciones: testimonios (que funcionan de anclaje y refuerzo. De selectos protagonistas o anónimos -parecidos a públicos: de nadie y de todos-, puntos de vista, comentarios, alguna descripción y unas pequeñas poesías que se relacionan, se retoman y que en realidad -me parece a mí- no son poesías; párrafos que nunca parecen alcanzar una carilla -ni lo pretenden-; alguna pregunta que no viene a nada pero sirve para darle alguna coherencia al texto; información dura colocada de manera sencilla y oportuna; los espacios, que se convierten en lugares claves; el tiempo: un presente que permite irse a cualquier lado; y la persona: fundamental -diálogos con uno mismo-.

Es un conjunto deforme. Un recorrido: idas y vueltas, planificación e improvisación, posibilidades e imposibilidades, tensión y tranquilidad, cómplices y de los otros. Quererse y odiarse.

El relato periodístico suele suponer cierta neutralidad: despersonalizar el texto, sacarlo de uno. Pero no, en estas crónicas no. La persona es protagonista; Caparrós es protagonista: es su viaje, son sus puntos de vista, sus sensaciones, su modo de expresarse, originales -digámosle así- descripciones que dicen algo más. Un autor que construye un lector que no es el que mira sino que se convierte más vale en cómplice. Te hacés cómplice o no te hacés cómplice.

Un conjunto deforme, heterogéneo. Un conjunto, como todo conjunto, que es una unidad -o al menos eso me gusta suponer-. Una unidad temática, que deja aristas y, a veces, hace olvidar un poco –bastante- cuál era el tema.

Algunos recursos se convierten en firma, en permanentes. Algunos recursos, esos mismos, son los que contienen todo aquello. Aquellas descripciones, aquella persona, aquella(s) complicidad(es), aquellas palabras de selectos narradores o de nadie: de todos y de nadie. Algunos recursos, más allá de aquella manera particular del escribir y articular los temas y facilitar transiciones que llamativamente funcionan. Algunos recursos, aquí dos: el punto y coma; que se continúa de los dos puntos: para mí que para generar alguna complicidad y dar una pastillita, algo bien puntual. Por otro lado, los guiones -esas rayitas que en estos casos se ponen antes y después de una frase o palabra- que sirven -postulo yo- para agregar aquellas acotaciones obvias que dicen mucho, generando -aun más ¿no?- aquélla complicidad con el lector.

No sé bien cómo funciona. Y aquello que se busca, mientras más me introduzco, más se aleja. La idea va mutando; se deforma; se hace más compleja. Aparece clara, para que luego aparezca una nueva, más clara, y todo sea muy poco claro. Escribir es un desafío, una lucha y una tensión. Más para aquél que parece ser hábil en estas artes: ¿cómo no buscar lo diferente o el superarse? “Tengo una mala noticia para darles: no pasamos la vida haciendo equilibrio en una línea inexistente. Somos una línea inexistente.”


[1] Fuente: wikipedia.org

mercredi 2 juillet 2008

Tarjeta.

no disfruto ni mis pedos

vendredi 27 juin 2008

body text

Colgar cosas excesivamente no parece nunca una buena idea. Rompe con el paisaje general doblando demasiado la soga, tensandola, casi rompiendola.
La nota al final hace su aparición como recurso.
Sí, en vez de incluir citas, acotaciones y llamados en el cuerpo de mi ensayo, opto por referenciar conceptos, conceptualizaciones, etc en forma de nota al final del documento.
Si siempre hubiese sabido que un ensayo puede ser algo tan estetico, hubiese escrito mejores ensayos. Aunque, por otro lado, es una belleza facilmente consumible. Sí, parece tener algo de esas crónicas televisivas pero realizada de un modo más elevado.
Conexiones, relaciones, juego abierto a interpretaciones. Ahora hablo de los ensayos de Italo Calvino. Ensayos donde la estética y la narración parecen no perder cuidado a la orden de la fascinación.
Ensayos que dan la impresión de hablar de cualquier cosa como fascinado, como lo mejor del mundo, como mágico o misterioso. ¿De qué hablamos? ¿Qué orden le damos? ¿Qué pretendemos? ¿De qué nos vanalgloreamos?
Ensayos que se ponen a la orden del cuerpo del texto.
Una construcción tal que no permitiría que uno se deprima demasiado mostrando las páradojas de ciertas ideas, pero que al fin, por cómodas, conocidas o bien contadas, no terminan por ser demasiado chocante.
Amable. Un modo amable. De finas descripciones, reflexiones, con marcas, ideas que juegan con aquello que conocemos todos.
Amable. Un modo amable. De un lenguaje justo y concreto. Palabras fáciles de leer en la que de vez en cuando se cruza alguna de esas que nos hacen acordar que hay alguien "formado" que ya tuvo esa hoja en mano.
Paradojas de la vida. Pero lindas, con humor. De las que caen bien.

jeudi 26 juin 2008

acerca del ensayo y otras enfermedades

Aunque no quiera vuelve a salir así. Encontrar el desafío de encontrar otro camino. Uno distinto. Pero no, vuelve a salir parecido. Supongo que es una limitante.
Intentar dar cuenta de aquella subjetividad profunda/espíritu de época logrando conceptualizar ciertos, justamente, conceptos repetidos impertinentemente, parece un buen tema, y coherente, para el ensayo que le dará cierre a un cuatrimestre de trabajo.
Releo algunas entregas anteriores y me gustan. Encuentro eso de lanzar una idea, una apuesta e intentar desarrollarla, seguirla, exprimirla o argumentarla. A su vez, contar algo.
Este nuevo intento, cruzado por otras circunstancias, se encuentra más acotado y controlado. Con algún otro perfil. O al menos eso creo, o eso encontraría en un desarrollo certero.
Resulta un intento distinto.
No creo haberlo logrado.
Paradójico resulta plantearse algunas ideas acerca de ritmo, estilo y formas cuando apenas me estoy encontrando y trazando amistades con la escritura.
Paradójico resulta plantearse y plantarse como lector en un texto, cuando apenas me estoy encontrando y trazando amistades con la lectura.
No encuentro parecido en otros ensayos realizados por mi mano y parezco reciclar acotaciones de otro docente.
No parezco estar de acuerdo con los ensayos propuestos en la materia. No me encuentro demasiado en ninguno de ellos. Hay cosas que me gustan. Sí, pero no el rango de lo que suelo o me gustaría escribir.
Definitivamente no estoy de acuerdo con Flusser acerca de esa división entre el tratado y el ensayo. Aunque si me gusta, disfruto y creo un buen recurso aquello de plantear dicotomías que tal vez no son tales como para entrar en la discusión (luego hay tiempo para negociarlo). Aunque no me gusta esa especie de arrugue en oraciones continuas.
No creo que la cuestión del ensayo o el tratado sea una cuestión de persona, decisiones o formas de tratar un tema. Creo en el ensayo aquella forma de escritura académica plenamente vinculada a ciertos espacios. Quizás aquéllos pertinentes y que den permiso a otra mirada (no una mirada otra, otra mirada) y la innovación en un asunto.
Se encuentra en el ensayo aquél lugar donde poder escribir con rigores sin que sea una acumulación de datos. Plantearse dar algo más con la escritura, lograr una lectura y un juego más allá de las letras con palabras y tiempos elegidos y sugeridos. O no, con la verborragia, desarrollada con una conjugación particular de verbos, que plantean ciertos asuntos de los más indignantes o intensos.
El ensayo supone varias construcciones. Desde un objeto hasta un escritor. Y la escritura. El escribir es una construcción. Una idea es una construcción, y creo que se puede lograr la espontaneidad mediada con otros factores en un ensayo. Y a su vez, aquél ensayo puede tener pretensiones de verdad y alcance. Y las puede lograr.
No es no hacerse cargo, es respetar ciertas “costumbres” para lograr romper con otras. Llegar a un acuerdo simple para introducir una idea compleja, algo chocante o novedoso. Un nosotros impersonal acostumbrado y que relaja al lector que le puede traer una visión particular de (o de quienes) quien firma.